San Juan Bautista: Oraciones, Vida y su Decapitación



San Juan Bautista sirvió a Dios con valentía y fuerza. Incluso ante la tragedia y la soledad, nunca dejó de orar, de predicar, de bautizar. Incluso ante la muerte, envió a sus discípulos al Señor ante la mínima duda de su gran poder, y esa es una de las características que todo cristiano debe tener.



Por ello es tan importante que los creyentes conozcan la historia de San Juan Bautista, e identifiquen en él aquello que deben seguir para alcanzar a Dios.

Biografía de San Juan Bautista

San Juan Bautista

La biografía de San Juan Bautista comienza tan solo unos meses antes del nacimiento de Jesucristo.

San Lucas el Evangelista relata la concepción y nacimiento de San Juan Bautista desde sus padres. Zacarías, un sacerdote judío, y su esposa Santa Isabel, se encontraban desesperados, puesto que, ancianos y enfermos, habían sido incapaz de traer al mundo a un primogénito.

Antes de que la fe estuviese totalmente perdida, el Arcángel Gabriel se apareció frente a Zacarías a la derecha de un altar del Templo en el que predicaba.

El hombre, sorprendido y temeroso de aquella visión, intentó huir, pero inmediatamente el Arcángel le dijo “No temas, Zacarías, pues traigo la noticia de que conocerás al Mesías. Tu mujer será la madre del precursor de su fe, quien nacerá bajo el nombre Juan, que desde el vientre estará lleno del Espíritu de Dios, que convierte, y no beberá vino ni nada que pueda embriagarlo”.

La respuesta que recibió del pastor fue: “¿Cómo puedo estar seguro, si mi mujer y yo somos ancianos?”

Ante la duda presentada por el anciano y la declaración de su vejez y la de su esposa, el Arcángel replicó: “Mi nombre es Gabriel, el que ha visto al Señor en su trono, quien me ha enviado a traerte estas noticias. La falta de fe en mi palabra te volverá mudo, no hablarás hasta que lo dicho se cumpla”.

Pronto, Zacarías e Isabel se encontraron con que estaban esperando a un varón, como profesó el mensajero. Seis meses después, el Arcángel aparecería frente a María, diciéndole que sería la Madre de Dios.

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Llena de gozo frente a la feliz noticia de que serviría una vez más al Señor, La Virgen María corrió a darle las buenas nuevas a su prima Santa Isabel, y a ayudarla en sus labores.

Sin siquiera dejar que se presentara, el niño Juan brincó en el vientre de su madre. Santa Isabel, sintiéndose brumada con la fuerza y la alegría del Espíritu Santo, se acercó a María y exclamó: “Bendita eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre. Es tanta la dicha ante la Madre de mi Dios que viene a verme, que la criatura en mi vientre ha dado saltos de júbilo. ¡Bienaventurada seas! Se cumplirán sin falta las promesas que se nos han enseñado nos dará el Señor.”

María permaneció junto a su familiar hasta el nacimiento de San Juan Bautista, como un niño fuerte y sano. Ese niño serviría pronto al propósito encomendado al Hijo del hombre.

Ya siendo un joven, y huérfano de ambos padres, la historia de San Juan Bautista continúa en el desierto. Llevado ahí por el Espíritu de Dios, consiguió acercarse más a Él gracias al contacto con la naturaleza, la oración y la penitencia.

No tardó mucho en comenzar a predicar y bautizar en el desierto quince años dentro del Imperio de Tiberio, cuando Poncio Pilato, que reinaba en Judea y Heroes, que servía como tetrarca de Galilea estaban en el poder.

Muchos describen sus características como las de un hombre humilde, que solo se preocupaba de servir al Señor, que se cubría con piel de camello y que se alimentaba de lo que Dios le acercase: frutas, langostas, raíces, etcétera.

Al rededor de los treinta años, San Juan Bautista partió hacia el río Jordán, en donde siguió predicando y bautizando. A pesar de que no conocía a Jesús, el Espíritu Santo le concedió la capacidad de reconocerlo: “Aquel sobre quien me pose en forma de paloma será el Hijo de Dios, que viene para salvar a los hijos de los hombres”.

En ese momento, frente a todos, el cielo mostró un destello increíble, que cubrió a Jesucristo por completo, y una paloma blanca se acercó a él. San Juan Bautista lo sumergió en las aguas del río Jordán, y lo bautizó en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.

Posteriormente, se desarrollaría un evento, cuando Jesús aún estaba vivo, en el que San Juan Baustista encontraría su trágica muerte.

Día de San Juan Bautista

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Es toda una particularidad en la historia de la Iglesia el hecho de que el día del nacimiento de San Juan Bautista haya sido el día escogido para su celebración. Esto ocurre por lo difícil que es conocer fechas exactas de los natalicios de muchos Santos, y porque la celebración de los nacimientos suele dejarse únicamente para el Niño Jesús.

Cada solsticio de verano, 24 de junio, los creyentes del mundo celebran el la historia de San Juan Bautista, quien se dice está sepultado en la Mezquita de los Omeyas, en Damasco, el lugar donde muchos van a honrar tributo al Bautista.

Decapitación de San Juan Bautista

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La historia de San Juan Bautista tiene un desenlace verdaderamente triste y hasta horroroso.

Y todo comienza con una mujer llamada Herodías. Herodías fue la esposa de Filipo, hermano del rey Herodes. La mujer se divorció de su esposo, unión de la cual se conoce una hija (que será importante más adelante) y pronto se casó con su antiguo cuñado.

San Juan Bautista, ante tal situación, fue como consejero de Herodes y le dijo que no era lícito tener por mujer a la mujer de su hermano, acusándolo de adultero y otros muchos pecados.

Herodes, enfurecido e instigado por su mujer, envió a sus hombres a capturar al Bautista y apresarlo. Aún queriéndolo muerto, el Rey sabía que era peligroso lastimarlo, pues los judíos lo consideraban justo y santo y lo protegerían, por lo que no quiso actuar.

Herodías, por otro lado, temerosa de que su nuevo esposo se arrepintiese y la dejase, buscó desesperadamente una forma de deshacerse de San Juan Bautista.

Mientras tanto, el Santo, encarcelado, sabía que algunos de sus discípulos tenían dudas con respecto a Jesucristo, y sin dudar los envió hacia Él, buscando cumplir con su labor hasta el último momento. Jesús, para fortalecer a los seguidores de su primo, curó cientos de enfermos en su presencia, y los devolvió a su Maestro, para que le dijeran lo que habían visto.

Se celebró un gran banquete al llegar el cumpleaños del rey Herodes, quien mantenía a su esposa y la hija de esta cerca. La joven (a la que después del siglo XVIII se la identificó bajo el nombre de Salomé) bailó frente a los invitados, y su danza agradó tanto al Rey, que este le ofreció el regalo que ella desease, “así fuese la mitad de su reino”.

Salomé pidió pronto consejo a su madre. Esta, en su deseo de eliminar a San Juan Bautista, le contestó “Pídele la cabeza de Juan el Bautista”. Así lo hizo la muchacha, solicitando ante el Rey la cabeza del Profeta en una bandeja.

Herodes, angustiado ante su error, mandó a que la orden se cumpliera, y así fue.

De este evento existen muchas representaciones artísticas desde el renacimiento hasta la actualidad, retratando la tragedia que terminó con la historia de San Juan Bautista.

Oraciones a San Juan Bautista

San Juan Bautista, que hasta el último momento estuvo dispuesto a guiar a los hombres por el buen camino, no se negará ante las peticiones de protección que le hagas. Este Santo valiente y ejemplar escuchará las plegarias de los hijos de Dios y las elevará hacia Él, siempre que sienta tu gran fe.

Oh, Glorioso San Juan el Bautista, quien amó al Niño Jesús desde el vientre con dulzura y honestidad, concédeme tu divina protección.

Te suplico que me favorezcas frente a los enemigos, y que pidas a Dios que satisfaga todas mis necesidades. Pues tu ejemplo de perseverancia y coraje son las características, las virtudes, que debo seguir para agradar al Señor.

Tú, que fuiste santificado en el vientre de tu madre. Admirado por los hombres por la fuerza que Dios te concedió. Venerado en la tierra por tu fe. Quien fue anunciado por el Arcángel Gabriel, como lo fue tiempo después Jesús, ruega por nosotros.

Santo predicador de la fe en Cristo Jesús, ayúdame a alcanzar su gracia. Apiádate de mi alma. En ti deposito mis esperanzas. Líbrame de mis miserias. Solicito tu amparo.

Oh, San Juan Bautista, milagroso y amoroso hermano, alivia mi corazón, permíteme gozar de la gloria de Dios. Pues la muerte no fue el final de tu obra, ni la oscuridad te hizo sucumbir. Contaré la historia de San Juan Bautista por la eternidad, para que mis hermanos encuentren en ti la fe que buscan con tanto ahínco.

Tu penitencia me da paz, tu soledad me acompaña. Tu silencio y castidad me recogen, y tu espíritu me cubre con tus enseñanzas. Ruego para que me permitas alabar a Dios a tu lado en los cielos, por los siglos de los siglos. Amén.

 

San Juan Bautista fue fuerte ante la tragedia, e incluso después de su fatal destino, continúa mostrándonos el camino para llegar a la paz con Cristo y nuestros valores. Celebremos el nacimiento de San Juan Bautista como hermanos en la fue y continuemos esparciendo la historia de este valeroso Santo Milagroso.