Oración A Las 5 Llagas de Jesús En El Hombro



En los evangelios, que narran la vida de Cristo en la Biblia, se lee que fue sentenciado a la cruz por Poncio Pilato; los soldados romanos lo hirieron gravemente para atravesar en su carne los clavos con los cuales sería sostenido en su terrible condena. Para acelerar y confirmar su muerte finalmente un soldado con una lanza perforó su tórax hasta alcanzar su corazón.



Cristo recibió esas heridas por nosotros, son una expresión indudable del amor que nos tiene. De ellas emana la preciosa sangre de Cristo. Cómo no adorar entonces esas heridas, esas santas llagas del cuerpo sagrado de Jesús que Él pareció para que nosotros pudiésemos ser salvos del fuego eterno.

Hoy queremos orar en adoración a las santas llagas que son producto de nuestros pecados y en ellas hallamos razones para adorar a Cristo y por las propias llagas pedimos la sanación de nuestros cuerpos y nuestras almas.

Oración a las 5 llagas de Jesús

Oración a las llagas de Cristo
Mano de Jesús en la Cruz

Las cinco llagas están ubicadas en sus manos, en sus pies, y en un costado de su pecho. Su valor es tal que en honor a las llagas de Jesús se rezan Padrenuestros y Avemarías para mostrar la fidelidad a Cristo. Realiza esta oración en honor a aquellas llagas que para salvarnos Jesús soportó el dolor en su propia carne.

Nuestro Señor Jesucristo,
adoramos las cinco llagas santísimas,
que se manifiestan en tu cuerpo sagrado,
y a la sangre que en cada de una de ellas derramaste,
adoramos incluso el dolor que padeciste;
concédenos una fe viva,
besamos cada una de tus benditas heridas,
porque Tú eres la verdad,
y a causa del dudoso y el inicuo has sufrido;
las llagas son reflejo de nuestra ignorancia y soberbia,
perdónanos hoy y siempre, Cristo Señor.

 

Oración a las llagas de Jesús crucificado

Al menos desde los siglos XII y XIII se realizan oraciones a las cinco llagas de Cristo porque son símbolo de amor y sacrificio por nuestros pecados. Ora con estas palabras para que tal sacrificio no haya sido en vano y muestres tus respetos y devoción a quien ha muerto por nosotros.

Dulce Redentor Nuestro,
que has padecido las más crueles tratos,
en la Santa Cruz has salvado a los hombres,
al alto precio de tu cuerpo destruido,
porque has sido azotado y crucificado,
con cuero, hierro y espinas te han vejado,
aquellos que no saben lo que hacen
de ti la sangre con saña han sacado;
nos metemos en tus llagas,
y nos aferramos a ellas,
para que así puedas sanarnos en cuerpo y espíritu;
con tus manos nos protegerás,
con tus pies caminaremos hacia la luz
y no tropezaremos jamás
concédenos la gracia divina,
e ilumina nuestras mentes y corazones,
para que tu inmolación no sea en vano.

 

Oración a la llaga del hombro de Jesús

Como sabrás, Cristo padeció un dolor indecible, que solo soportó por ser Hijo del Padre Eterno. Uno de esos dolores lo padeció llevando la cruz lo que le ocasionó una llaga en su hombro. Realiza esta oración para venerar y pedir por esta otra gran muestra de amor de Jesús.

Mi amado Jesús,
quien ha llevado nuestros pecados en la cruz,
en aquel viacrucis que has sufrido solo por amarnos,
adoro y venero la marca que ha dejado nuestro peso,
que ha lacerado tu sagrado hombro,
sobre el cual tantos fueron consolados y bendecidos,
bendita sea la llaga de tu hombro
pues me ha salvado de la condena,
gracias por soportar aquel sufrimiento
y la humillación de un delincuente,
solo para que pudiéramos ser salvos,
perdona siempre nuestros pecados, Señor.

 

Se dice de esta devoción que puede remontarse a los tiempos de la Edad Media, cuando San Bernardo, San Francisco y los cruzados que llegaron de la Tierra Santa y que habían quedado maravillados pisando las tierras en las que había estado Cristo. Santa Clara de Asís ya había realizado oraciones para venerar las llagas de Cristo.

Se dice también que puede obtenerse sanación por las llagas si se practicaban oraciones en su nombre por cinco días seguidos. El gran poder del Hijo del Padre Eterno es tal, que aun con sus manos heridas, con la propia herida de sus manos, puede sanarnos en todos los sentidos.

Al pensarse en el dolor que ha padecido otro para nuestra salvación no puede menos que tenerse un sentimiento de agradecimiento hacia Cristo Redentor, sino de religión y devoción hacia aquellas llagas que por nuestros pecados le hemos causado.